martes, 9 de agosto de 2011

Una dosis de ataque... arquitectura cubana

El presente trabajo corresponde a las ideas preliminares preparadas para la entrevista realizada para el espacio televisivo Sitio del Arte que trasmite el canal Cuba Visión de la televisión cubana y que está dirigido por la periodista Julia Mirabal. La entrevista fue realizada durante el programa trasmitido el 20 de octubre del pasado 2009, día de la Cultura Nacional.

Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia.
San Lucas 18, 3-5

Siempre será oportuno, para el caso cubano, insistir en la importancia que reviste la arquitectura para la nación, sostenida en la relación que establece el hombre con el hábitat como contacto más fuerte con la cultura. No es casual que un viajero considere, por encima de la comida, la artesanía, el folklore u otros hechos, incluidos los relacionados con las llamadas bellas artes, a la ciudad y a su arquitectura, como la mayor impresión que recibe al visitar un país extranjero. Con esta observación no estamos considerando superior a la arquitectura que al resto de las artes, pero sí ocupando un estatus primario y directo con el hombre. Así, sustentado en la relación forzada y obligatoria que establece con ella, más que nada por su carácter tangible, dentro de la escala de valores culturales, la arquitectura goza de una inmediatez espacio-vivencial que en el curso de la historia la han beneficiado. Por esta razón, los grupos de poder han destinado grandes recursos a la arquitectura como una manera eficaz enaltecer su poderío. Entonces, desde esta premisa, son un tanto incompletos y tergiversados los esfuerzos que realiza el país para desarrollar la cultura sin tener en cuenta a la arquitectura; a conciencia de que la mayor parte de la población cubana desconoce el Siglo de las luces, Paradiso o el Rapto de las Mulata, a la vez que están más familiarizados con otros prototipos culturales como el Capitolio Nacional o con el Palacio de las Convenciones, aún sin haberlos visitado. Esto reafirma no sólo el carácter primigenio que posee la arquitectura, sino también el respaldo necesario y preferencial que debe existir en la nación. El texto que exponemos a continuación, corresponde a las ideas preliminares preparadas para el espacio televisivo Sitio del Arte y que fueron expuestas durante el programa trasmitido el 20 de octubre del pasado 2009.

La arquitectura: un medio indispensable en la formación del hombre
Es indiscutible la importancia que reviste el medio urbano y arquitectónico en la formación del hombre y por tanto, en la conformación de una sociedad más decorosa. Una persona nacida y criada en un ambiente desfavorable, difícilmente posee el comportamiento cívico y ciudadano correcto. El hombre se comporta, en la medida en que habita. Aquí podríamos mencionar a Martin Heidegger y parafrasear su idea de que no habitamos porque construimos, sino que construimos porque habitamos, y es por eso que el hombre se proyecta en la medida en que habita. Y ese hábitat, ese impacto o eclosión del hombre en el espacio, tiene un sentido arquitectónico. Entonces, desarrollando la arquitectura, tendremos una sociedad mejor con mejores seres humanos.
Pero la arquitectura no sólo influye en el comportamiento humano, si no que interviene en la cultura de cada individuo. No cabe duda de que la arquitectura ayuda a formar un hombre más culto. El hombre, como expresamos, se comporta, en la medida en que habita, es una relación horizontal con el medio, en este caso con la sociedad. Pero el hombre también piensa, reflexiona, se proyecta, o sea, hace cultura, en la medida en participa de la cultura. Es él, en la medida que es su cultura, concepto que recuerda a Ortega y Gasset y que apunta a una relación vertical con el medio. De manera que si el medio arquitectónico es adecuado, o sea, estéticamente alto, no sólo existen condiciones para que el hombre se comporte como un ser cívico y socialmente correcto, sino que en la medida en que participa de ese medio arquitectónico, se asimila y se proyecta al mismo tiempo, una cultura del gusto en la sociedad.

¿En qué situación se encuentra la arquitectura en Cuba?
Pero esta cultura del gusto, en el caso de la arquitectura, encuentra una situación en Cuba precaria y que se puede resumir en tres aspectos sumamente críticos:
• En primera, el estado general de depauperación en las ciudades cubana, representado más que por la arquitectura, por detalles o pormenores de carácter ambiental. Es casi imposible encontrar un segmento de la ciudad, una manzana, una cuadra… sin un bache en la calle, una acera deteriorada o una intervención en fachada de mal gusto. Esto es una realidad que poco a poco erosiona el entorno, conspira contra la calidad de vida del pueblo y disminuye el valor cultural de la ciudad, que como bien se ha expresado es el patrimonio material más valioso de la nación .
• En segunda, no existe un respeto hacia la arquitectura como realización social. O sea, nos referimos a la arquitectura como concepto o principio que se debe respetar por encima de cualquier contingencia. La arquitectura en principio, es un objeto utilitario y sólo colocando su valor artístico, que es un valor agregado, al nivel del valor utilitario, podemos apreciarla como objeto artístico. Pero en los programas sociales desarrollados en el país, no se le asigna un papel importante, siempre aparece ocupando un puesto inferior a su valor utilitario o social.
• En tercera, no existe una producción contemporánea lo suficientemente sólida, para poder expresar que poseemos un desarrollo arquitectónico a la altura de otros logros del país. En este sentido, no existen acciones que beneficien el desarrollo de la arquitectura contemporánea, similares a las leyes que protegen las edificaciones patrimoniales o al resto de las artes. La cultura cubana ganaría mucho si pudiéramos hablar de una Nueva Arquitectura Cubana en la misma medida que se habla de un Nuevo Cine Cubano, de una Escuela Cubana de Ballet o de una plástica y una literatura capaces de parangonarse con lo mejor y más excelso de la amplia producción internacional

Para el rescate de la arquitectura
No podemos pretender solucionar de inmediato todos los obstáculos relacionados con la arquitectura y las ciudades cubanas. Existe una relación inversamente proporcional entre los problemas y la solución para enmendarlos. Los primeros crecen exponencialmente, aumentan a una escala mucho más rápida que la de los recursos utilizados para su solución, algo que recuerda la fórmula de Thomas Malthus. Entonces tenemos que cerrar el cerco y tratar de solucionar el problema que ocupa la mayor importancia para la cultura. A nuestro modo de ver, sobrarían las razones para admitir que el desarrollo de la arquitectura contemporánea, con todas sus implicaciones sociales, es el factor que debe priorizar el país en estos momentos. Al insertar modelos contemporáneos, transformamos forzosamente el aspecto de nuestras ciudades, por ser la arquitectura el elemento determinante dentro del ambiente urbano, tanto física como visualmente. De igual forma, el esmero y exigencia de trabajo que llevarían implícito estas acciones, proporcionarían seriedad al ejercicio de la arquitectura y por ende respeto hacia la misma. Paralelamente, esta acción elevaría la imagen social del arquitecto como creador, al provocar un impacto urbano, no habitual en la comunidad, por la utilización de los nuevos modelos arquitectónicos.
Ahora, ¿cómo concretar esta aspiración? Las más de cuatro décadas de improductividad arquitectónica que pesan sobre nosotros, y como consecuencia, la falta de operatividad que se observa en las instituciones relacionadas con el desarrollo de la arquitectura, más la aguda crisis económica internacional, que en Cuba se hace aún más patente, nos hace pensar que las propuestas tradicionales como las de reorganizar la estructura institucional o asignar tareas a determinados organismos, es una solución inoperante, únicamente funcionaría a largo plazo. Tampoco podemos esperar por un milagro económico para rescatar la arquitectura. En otros momentos hemos tenido un determinado respiro económico y los resultados arquitectónicos no han sido los mejores. Actualmente, y dispensando una frase de la medicina que utilizaré, necesitamos una dosis de ataque. Pero ¿qué es esto? Es una sobredosis que suministra para sacar al paciente de un estatus enfermedad Y esta dosis de ataque es una voluntad política que esté sensibilizada con la situación epidémica que tiene la arquitectura en Cuba. Solo así, se puede sacar a este arte de la depresión en la cual se encuentra, para después poder continuar con los métodos normales. La arquitectura es una manifestación cultural que necesita recursos para su desarrollo y en caso de no poseerlo, entonces hay que crear programas y planes que faciliten su florecimiento. En la década de los años ochenta existieron experiencias similares, donde salió beneficiada la ciudad de Santiago de Cuba con el Teatro Heredia, el Hotel Santiago y otras obras. Desdichadamente, por la entrada del periodo especial, se obstaculizó una experiencia similar para la ciudad de Camagüey. Desconozco hasta qué punto el caso de Santiago de Cuba se debió sólo a un programa político, sino también a una sensibilidad hacia la arquitectura. Pero lo cierto es que, para el momento, las obras que se ejecutaron para esa ciudad, representaron una experiencia novedosa que se puede tomar como un ensayo o experimento, a menor escala, de lo que necesitamos en la actualidad.

El hombre, la sociedad y la arquitectura cubana
Fernando Salinas expresó en una ocasión: cambia al hombre y cambiará la arquitectura. Pues bien, en Cuba el hombre cambió. Programas sociales, beneficios para la mujer, altos índices en la educación la salud y el deporte. Y la arquitectura cambió… Sí, cambió hacia la no-arquitectura, la construcción sata, la depauperación de nuestro ambiente construido, tanto el existente como el que está por crearse. Y esta no-arquitectura, esos cubos inhumanos e impersonales, ayudó a fomentar un nuevo hombre, perceptible a nivel social y urbano, un hombre caracterizado por la ausencia de valores éticos, la indisciplina social y la descortesía. Este hombre, hoy queremos cambiarlo; la sociedad y todos sus medios luchan abnegadamente por ello. Pero ¿Por qué no invertimos la fórmula planteada por Salinas? ¡Sería un buen experimento! Cambiemos la arquitectura; estamos seguro, que en alguna medida, cambiará el hombre.